En qué creemos?
La semana pasada les
compartí acerca de la investigación que hizo el Cardiólogo Pim Van
Lommel con 300 pacientes quienes refirieron experiencias después de su muerte
clínica, resaltando la de un paciente quien refirió todo lo que ocurrió cuando
fue recibido en el hospital mientras él estaba en un coma profundo, también presenté
el caso de Vicky
Noratuk, quien siendo invidente de nacimiento vio por primera vez imágenes
cuando estuvo muerta clínicamente y por último, se inició el relato del
sacerdote católico José Maniyangat quien al morir
vivió la experiencia de visitar el cielo.
…“También me dijo que en el camino, me mostraría el
infierno y el purgatorio. Primero, el ángel me llevó al infierno.
Espantosa visión. Vi a satanás, los demonios, un fuego infernal -de
cerca de 2.000 grados Fahrenheit-, gusanos que se arrastraban, gente que
gritaba y peleaba, otros eran torturados por demonios. El ángel me dijo
que todos estos sufrimientos se debían a pecados mortales cometidos, sin
arrepentimiento. Entonces, comprendí que había siete grados de
sufrimiento, según el número y la clase de pecados mortales cometidos en la
vida terrenal. Las almas se veían feísimas, crueles y horribles.
Fue una experiencia espantosa. Vi a gente que conocía, pero no puedo
revelar la identidad. Los pecados por los que fueron condenados,
principalmente fueron por el aborto, la homosexualidad, la eutanasia, el odio,
el rencor y el sacrilegio. El ángel me dijo que si se hubieran
arrepentido habrían evitado el infierno, y hubieran ido al purgatorio.
También entendí que algunas personas que se arrepienten de estos pecados,
pueden ser purificados en la tierra a través del sufrimiento. De esta
manera pueden evitar el purgatorio, e ir derecho al cielo. Me sorprendió ver en
el infierno hasta a sacerdotes y obispos; algunos a quienes nunca esperaba ver.
Muchos de ellos estaban allí por haber guiado con enseñanzas erróneas, y
mal ejemplo a otros.
Después de la visita al infierno, mi ángel de la guarda
me escoltó al Purgatorio. Acá también, había siete grados de sufrimiento,
y el fuego que no se extingue. Pero es mucho menos intenso que en el
infierno, y no hay peleas ni luchas. El principal sufrimiento de estas
almas es su separación de DIOS. Algunos de los que están en el
Purgatorio cometieron pecados mortales; pero antes de morir, se reconciliaron
con DIOS. Aun cuando estas almas sufren, gozan de paz, y saben que un día
podrán ver cara a cara a DIOS.
Tuve una oportunidad de comunicarme con las almas del
purgatorio. Me pidieron que rezara por ellas, y que también dijera
a la gente que rezara, para que ellas pudieran pronto ir al cielo.
Cuando rezamos por estas almas, recibimos su agradecimiento por medio de sus
oraciones, y una vez que las almas entran al cielo sus oraciones llegan a
ser todavía más meritorias.
Es difícil para mí, poder describir la belleza de mi
ángel de la guarda. Resplandece, y reluce. Él es mi constante
compañero, y me ayuda en todos mis ministerios, especialmente el ministerio de
sanación. Experimento su presencia en todas partes a donde voy, y agradezco
su protección en mi vida diaria.
Después, mi ángel me escoltó al cielo, pasando a través
de un gran túnel, deslumbrantemente blanco. Nunca en mi vida experimenté
tanta paz y alegría. Inmediatamente el cielo se abrió, y percibí la
música más deliciosa, que nunca antes hubiera oído. Los ángeles cantaban
y alababan a DIOS. Vi a todos los santos, especialmente a la Santa Madre,
a san José, y a muchos piadosos santos obispos y sacerdotes que brillaban como
estrellas. Y cuando aparecí ante el SEÑOR, JESÚS me dijo: “quiero que
vuelvas al mundo. En tu segunda vida serás un instrumento de paz y
sanación para mi gente. Caminarás en tierra extranjera, y hablarás una
lengua extranjera. Con Mi gracia, todo es posible para ti”.
Después de estas palabras, la Santa Madre me dijo: “haz lo que ÉL te
diga. Te ayudaré en tu ministerio”.
No hay palabras para poder expresar la belleza del
cielo. Encontramos tanta paz y felicidad, que excede millones de veces
nuestra imaginación. Nuestro SEÑOR es mucho más indescriptible de
lo que cualquier imagen puede transmitir. Su cara es radiante y
luminosa, más esplendida que el amanecer de mil soles. Las imágenes
que vemos en el mundo son sólo una sombra de su magnificencia. La Santa
Madre estaba al lado de JESÚS; es tan linda y radiante. Ninguna de las
imágenes que vemos en este mundo puede llegar a compararse con su real
belleza. El cielo es nuestro verdadero hogar, todos hemos sido creados
para alcanzar el cielo, y gozar de DIOS para siempre. Entonces, volví con
mi ángel al mundo”.
¡HASTA LA PRÓXIMA!
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