viernes, 7 de junio de 2013


¿En qué creemos?

La semana pasada presenté la continuación del relato que el Padre José Maniyangat hizo de su visita al cielo y al infierno, cuyo final a continuación presento:

“Mientras mi cuerpo estaba en el hospital, el médico terminó todos los exámenes necesarios, y dictaminó muerto.  La causa de la muerte fue hemorragia.  Notificaron a mi familia, y como estaban muy lejos, el personal del hospital decidió llevar mi cuerpo muerto a la morgue.  Como el hospital no tenía aire acondicionado, sabían que el cuerpo se iba a descomponer rápidamente.  Mientras llevaban mi cuerpo muerto al depósito de cadáveres, mi alma volvió al cuerpo.   Sentí un dolor atroz, tenía muchas heridas y huesos rotos.  Empecé a gritar, la gente se asustó, y gritando salió corriendo.  Una de las personas se acercó al médico, y le dijo: “el cuerpo muerto está gritando”.   El médico vino a examinar mi cuerpo, y comprobó que estaba vivo.  Así que dijo: “el padre está vivo, es un milagro, llévenlo de nuevo al hospital”.

Ahora, de vuelta en el hospital, me hicieron una transfusión de sangre, y me llevaron a cirugía para reparar los huesos quebrados.  Trabajaron en mi mandíbula, costillas, pelvis, muñecas, y pierna derecha.  Después de dos meses, me dejaron salir del hospital, pero el médico traumatólogo dijo que nunca más podría caminar.   Entonces le contesté: “el SEÑOR que me devolvió la vida, y me envió de nuevo al mundo, me curará”.   Una vez en mi casa, todos rezamos por un milagro.  Sin embargo, después de un mes, cuando me sacaron el yeso, todavía no podía moverme.   Pero un día, mientras rezaba, sentí un dolor espantoso en la pelvis.    Después de un ratito, desapareció todo dolor, y oí una voz: “Estas curado.  Levántate y camina”.    Sentí paz, y el poder sanador en mi cuerpo.  Inmediatamente me levanté y caminé.  Alabé, y le di gracias a DIOS por el milagro.

Le avisé la noticia de mi cura al doctor, y quedó asombrado.   Me dijo: “Tu DIOS es el DIOS verdadero.  Debo seguir a tu DIOS”.    El médico era hindú, y me pidió que le enseñara sobre nuestra Religión.   Después de estudiar la fe, lo bauticé y se hizo Católico.

El 10 de noviembre de 1986, siguiendo el mensaje de mi ángel de la guarda, llegué a los Estados Unidos como sacerdote misionero.  Primero, desde 1987 a 1989, trabajé en la diócesis de Boise, Idaho, y después, desde 1989 a 1992, como director del Ministerio de los Presos, en la diócesis de Orlando, Florida.

En 1992,  fui a la diócesis de san  Agustín, en donde, por dos años, me   asignaron a la parroquia de san Mateo en Jacksonville.    Más tarde, desde 1994 a 1999, me nombraron vicario parroquial de la Iglesia de la Asunción.    En 1997 quedé incardinado, como miembro permanente de la diócesis.    Desde junio de 1999, he sido pastor de Santa María Madre de la Misericordia, Iglesia católica en Macclenny, Florida.  También soy capellán católico de la prisión del estado de Florida, en Starke, Union Correctional Institution, en Raiford, y del hospital Northeast Florida State, del estado de Florida en Macclenny.  También soy  director espiritual diocesano de la legión de María.

El primer sábado de cada mes, en mi parroquia, Santa María Madre de la Misericordia, dirijo un ministerio Eucarístico y sanador.    La gente viene de toda la diócesis, de muchas partes de Florida, hasta de fuera del estado.   Me han invitado a dirigir el ministerio sanador en otras ciudades importantes de los Estados Unidos: New York, Philadelphia, Washington, San José, Dallas, Chicago, Birmingham, Denver, Boise, Idaho Falls,  Miami, Ft. Lauderdale, Poolsville; y en muchos otros países: Irlanda, España, República Checa, La India, Francia, Portugal, Yugoslavia, Italia, Canadá, México, Islas Cayman, Islas Hawaianas.

Por medio de este ministerio Eucarístico-sanador, he visto a mucha gente curarse física, espiritual, mental y emocionalmente.  Gente con diferentes enfermedades tipo: cáncer, sida, artritis, problemas del corazón de la vista, enfisema, asma, dolores de espalda, sordera, y muchos otros han quedado totalmente curados.  Además, varias veces durante el año conduzco un especial servicio curativo para sanar el árbol de familia, en el que el efecto de los pecados ancestrales bloquea a la persona, y ella recibe una total sanación.   La Escritura dice, (Éxodo, capítulo 34, versículo 7),  que castiga la iniquidad del pecado, de los padres en los hijos, y en los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación.  Así que, en muchos casos necesitamos sanación generacional.  Los médicos, y los remedios no ayudan a curar ciertas enfermedades causadas por nuestro árbol de familia”.

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